miércoles, 25 de mayo de 2016

El éxito se aprende.

¿Alguna vez has tenido una sutil y profunda sensación de rechazo cuando alguien te hace un halago?, ¿alguna vez has sentido que no te mereces ese fabuloso coche que acabas de ver en el escaparate de un concesionario?, ¿alguna vez has renunciado a emprender algún proyecto o empresa porque has tenido la corazonada de que no puedes conseguirlo?...


Es cierto, la vida es maravillosa y está colmada de abundancia. La gente es amable y te tiene en gran estima. El amor está en todas partes y eres merecedora de él. La salud es un don gratuito y ser feliz está al alcance de tu mano. El dinero y la riqueza son ilimitados, la gente no deja de generarlos. Sin embargo, ¿por qué sólo unos pocos pueden disfrutar de esa riqueza? ¿Por qué no eres capaz de aceptar y merecer aquello que tanto deseas?.


Aceptar lo mejor de la vida y disfrutar de ella, es un aprendizaje.


Muchas veces te habrás comparado con esas personas a las que parece que la "vida les sonríe" y tienen éxito en todos los ámbitos de su vida y te habrás preguntado aquello de: ¿y qué tiene ésta que no pueda tener yo? Objetivamente, puede ser que tengas un talento innato para la pintura o la música, puede que tengas una inteligencia y unos resultados académicos excelentes, puede que seas muy creativa y que tengas miles de ideas y proyectos; incluso mayores capacidades que aquellos que triunfan y que estamos viendo en la televisión todos los días. Sin embargo, te conformas con un puesto de trabajo corriente, aparcas tus proyectos en un trastero y tus capacidades nunca consiguen deslumbrar a nadie. 

Tener éxito en tu vida sólo depende de tu actitud ante lo bueno que la vida puede ofrecerte y esta actitud, se aprende. El primer aprendizaje que recibimos en nuestra vida es el de aceptar el amor y el cariño que nuestra madre nos brinda, cuando aún somos un bebé y mucho antes de que podamos entenderlo. Sin embargo, sí podemos sentirlo. En nuestra más tierna infancia sentimos el calor, el amor, la protección y el alimento que nuestra madre nos brinda cuando nos amamanta o cuando nos da el biberón. La actitud amorosa de nuestra madre hacia nosotros nos va a enseñar que somos importantes y merecedores de lo mejor de la vida. Más tarde, durante nuestra infancia, los abrazos y las demostraciones de afecto y atención seguirán creando redes neuronales en nuestro cerebro que forjarán para siempre nuestra manera de pensar, afianzarán nuestra autoestima y estimularán que seamos capaces de dar rienda suelta a nuestra creatividad y a nuestra capacidad de aceptar el éxito.


La envidia, el indicador natural de tus carencias.


Como consecuencia de no haber aprendido a aceptar el éxito y lo mejor de la vida, es natural que sientas una especial envidia hacia todas aquellas personas que han conseguido lo que tú no has aprendido a aceptar. Seguramente, a lo largo de tu vida se habrán presentado oportunidades en forma de circunstancias o relaciones sociales que podrían haber significado un gran cambio, pero que de alguna manera has sentido un rechazo interior hacia ellas, evitando así que tu fortuna cambiase. Sentir envidia, criticar o prejuzgar a alguien porque tiene éxito en la vida, es la manera que tiene tu cerebro de reafirmarse en la idea de que tú no mereces nada parecido y evitar que lo consigas. 

La vida nos ofrece todos los días abundancia económica, amor, salud, creatividad y oportunidades de cambiar nuestro destino. Sin embargo y por poner un ejemplo, si pensamos que el dinero es sucio y que toda la gente que lo tiene es sucia, lógicamente el dinero huirá literalmente de nosotros igual que si pensáramos lo mismo de un amigo. Un amigo al que no aprecias, no cuidas y no le prestas atención terminará marchándose de tu lado, tarde o temprano. 

Si te sientes identificada con estas situaciones deberías aprender a aceptar lo bueno de la vida.

La salud, el gran regalo de la vida.

Consecuentemente, se puede decir exactamente igual acerca de la salud y de cómo aceptas estar bien contigo misma. Seguir unas cuantas pautas para sentirte bien y repleta de salud es fácil, como puede ser, hacer algo de ejercicio, prestar atención a las señales de tu cuerpo, tener conciencia de lo que comes o beber mucha agua. Sin embargo, aunque estas recomendaciones estás harta de escucharlas miles de veces, hay algo en ti que se niega a atenderlas. Echas la culpa a las prisas, a la falta de tiempo o a cualquier excusa que se te ocurra para "castigar" a tu cuerpo, en vez de ponérselo fácil. Te olvidas hasta de lo más básico que es beber e incluso, postergas el momento de ir al servicio a orinar porque siempre tienes "algo más importante" que hacer, sometiendo a tu cuerpo a un gran estrés y a situaciones de penuria.


Algo dentro de ti no acepta que puedas estar bien y disfrutando de una salud plena. Es posible que también experimentes cierta envidia de otras personas que se cuidan y muestran un físico saludable. Es cierto que culturalmente, estar mal, sacrificarse, ser pobre y no ser ambicioso, sobre todo desde un plano religioso, se ha entendido como el paradigma de la espiritualidad y de "ser buena persona". Sin embargo, la salud es la riqueza más fácil de conseguir y la más gratuita, porque es tu propia naturaleza. Sólo tienes que aprender a aceptarla.


Si no tienes la salud y la calidad de vida que te mereces o simplemente, no eres feliz, te ofrezco la oportunidad de cambiar tu vida, mediante un proceso de coaching para aprender  a vivir la vida que te mereces... 


¿Aceptas?