lunes, 25 de noviembre de 2013

Hipotiroidismo, la enfermedad del frío.

Con el nombre de hipotiroidismo describimos la alteración metabólica del organismo que provoca una disminución de la hormona T3 o triyodotironina en sangre. Esta hormona es la encargada de producir energía a nivel celular y un descenso de la misma en nuestro organismo, ya sea por una deficiencia de la propia glándula tiroides o del sistema hipotálamo-hipófisis-tiroides,  va a provocar un descenso significativo de todo nuestro metabolismo y de nuestros niveles de energía. La glándula tiroides es la encargada de regular nuestra temperatura corporal a modo de termostato incrementando o frenando la combustión de oxígeno celular, consecuencia de lo cual nuestro cuerpo consumirá todos los nutrientes que le aportamos a través de nuestra dieta o bien, empezará a acumular esa energía en forma de grasas. También nuestro sistema inmunológico se ve seriamente alterado cuando los niveles de energía celular descienden y este es el motivo por el que una insuficiencia de la glándula tiroides suele subyacer o estar aparejada a multitud de enfermedades de tipo auto-inmune o viral. No es de extrañar que el hipotiroidismo sea la causa silente y oculta de trastornos metabólicos de todo tipo como la Obesidad crónica, Herpes, Candidiasis, Dermatitis o de otras tan graves como la Endometriosis, Síndrome de fatiga crónica, Infertilidad, Depresión e incluso el Cáncer.

La evolución del hipotiroidismo habitualmente suele ser muy lenta y pueden pasar  años antes de que se puedan observar alteraciones significativamente graves como para que nuestro médico pueda tenerlo en consideración. Lamentablemente, las pruebas clínicas que se realizan en laboratorio para comprobar un posible hipotiroidismo son ineficaces y son numerosos los médicos endocrinos que denuncian este problema. Los pacientes además creen que sus síntomas son algo natural o  propio de la edad y van dejando pasar el tiempo hasta que tienen una alteración metabólica importante. Al paciente se le cae el pelo, tiene una intolerancia al frío exagerada, siempre tiene las manos y los pies fríos, siente hormigueos en las extremidades o se le “duermen” con frecuencia, dolor crónico en la parte alta de la espalda y el cuello, suelen tener problemas para bajar de peso, pierden el interés por el sexo y a nivel emocional, sufren de un agotamiento crónico, apatía y depresión. Lo que en un principio son síntomas relativamente insignificantes terminan manifestándose con el tiempo en problemas de salud muy serios.

La llegada del invierno y con él del frío, suele causar un agravamiento muy significativo de todos estos síntomas. Así como en el verano, nuestro cuerpo tiende a quemar las grasas y renovar todos nuestros líquidos en función de unas temperaturas ambientales muy elevadas, con la llegada del frío nuestro cuerpo tiende a hacer todo lo contrario, es decir, acumular energías y grasas para defendernos de las bajas temperaturas. Nuestra glándula tiroides acelera el metabolismo en verano estimulada por las altas temperaturas y nuestra dieta para deshacerse de esos kilos de más que nos sobran, aprovechar a tope las largas jornadas diurnas y estimular todas nuestras energías, consecuencia de lo cual nos sentimos más alegres y activos. En cambio, con la llegada del frío y paralelamente a como ocurre en la naturaleza, nuestra glándula tiroides frena nuestro ritmo metabólico para que volvamos a acumular energías en forma de grasa. En condiciones normales y hablando de personas sanas, lo natural es que en invierno engordemos de 2 a 5 kilos como consecuencia de este parón metabólico que provoca nuestra glándula tiroides. En ello también van a influir significativamente los alimentos de temporada, muchos de los cuales van a paralizar el ritmo de nuestra tiroides como pueden ser las batatas y boniatos, las calabazas, las coles, la coliflor, etc. Con la llegada del otoño aparecen alimentos que preparan nuestro sistema inmunológico para soportar el largo invierno como son las setas y los champiñones. Aparecen también frutas muy ricas en vitamina C y potasio como son las naranjas y los caquis, aunque claramente tienen un efecto paralizador de la tiroides. Y es obvio que en otoño es cuando se realizan, o se realizaban antiguamente las matanzas para llenar las despensas de los hogares de carnes grasas y embutidos para luego consumirlos durante el invierno. Las horas de luz solar se reducen drásticamente durante el invierno y esto es consecuencia de la pérdida casi total de nuestras reservas de vitamina D. Aunque los científicos aún no se ponen de acuerdo acerca de si el hipotiroidismo provoca un serio descenso de nuestros niveles de vitamina D, o si es la ausencia de ésta la que provoca hipotiroidismo, lo que sí es relevante es que numerosos estudios realizados en enfermos con graves dolencias de tipo auto-inmune o con hipotiroidismo mostraban grandes deficiencias de esta vitamina. Otra cuestión interesante a señalar acerca de esta vitamina es que es la encargada de producir la hormona leptina, la cual provoca sensación de saciedad cuando se ha consumido suficiente grasa y su deficiencia hace que nos sintamos siempre hambrientos, aun cuando ya hemos comido lo suficiente. No es de extrañar que típicamente en invierno nos apetezca más comer alimentos con alto contenido en grasas o de lácteos, los cuales “supuestamente” deberían aportar grandes cantidades de esta vitamina. Así encontramos que los países nórdicos donde el clima es muy frío y las horas de luz solar muy escasas, tradicionalmente son grandísimos consumidores de alimentos grasos, mantequillas y todo tipo de lácteos.

Sin embargo, la industria alimentaria lleva 30 años convenciéndonos de que las grasas son algo insano que hay que eliminar de nuestra dieta acusando a las mismas de nuestros problemas de colesterol y de obesidad. Los productos lácteos son desgrasados y tan desnaturalizados que su valor nutricional es prácticamente nulo y en ocasiones, incompatibles con nuestras necesidades. Aunque se empeñen en ofrecernos productos lácteos a los que atribuyen mágicas cualidades para estimular nuestras defensas, lo cierto es que provocan más problemas en nuestro equilibrio metabólico que los beneficios que anuncian. Los lácteos “industrializados” merecen un capítulo aparte por sí solos y ya los abordaré en otra ocasión, pero si quiero apuntar que la “dieta industrial” de hoy en día en general y como consecuencia del abandono total de ciertos hábitos culinarios tradicionales, están provocando una epidemia de hipotiroidismo y todo tipo de enfermedades. Nos han convencido de que el cocido o los callos a la madrileña que hacían nuestras abuelas son “insalubres” y que debemos alimentarnos de lácteos desnatados y cereales “Especial Qué”, cuando la realidad es justo la contraria. ¿De qué otra manera se puede explicar que en Estados Unidos y Europa, después de tantos años eliminando todas las grasas de nuestra dieta, sigamos siendo la población con más problemas de colesterol y de obesidad?...

La dieta basura, la agricultura industrializada y en general, toda la industria alimentaria en aras de producir cada día más y más rápido, están provocando unos déficits nutricionales altamente perniciosos para el equilibrio metabólico de nuestro organismo. Lamentablemente, se hace necesario realizar un estudio riguroso de nuestros hábitos alimenticios y aportar elementos nutricionales complementarios para poder corregir desbalances tan graves como el hipotiroidismo y otros trastornos endocrinos asociados. Si crees que puedes padecer algún tipo de trastorno relacionado con una deficiencia de tus niveles de energía,  de tipo inmunológico o sencillamente, tienes diagnosticado ya un problema de hipotiroidismo, no dudes en contactar conmigo y estudiaré tu caso en particular para ofrecerte una dieta personalizada.

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