martes, 15 de octubre de 2013

El azúcar asesino

Fuente: El Mundo

Foto: Gonzalo Arroyo
14 de octubre.- El criminal, ¿nace o se hace? Es un debate que dura siglos y ahora unos científicos de Cardiff nos proponen otra pieza del puzle. Según un estudio realizado en Gran Bretaña, los niños de diez años que toman dulces regularmente tienen más posibilidades de volverse violentos cuando crecen. Se analizaron 7.000 personas nacidas en 1970 y se encontró que entre los que habían cometido delitos violentos había más proporción de golosos que entre los ciudadanos pacíficos.
Son análisis estadísticos, y ya hemos alertado en otras ocasiones que hay que valorarlos con precaución. En este caso, el número de participantes en el estudio es pequeño (sólo 38 fueron clasificados como violentos) y, sobre todo, aún no hay una teoría lógica que pueda explicar las posibles diferencias. Se habla de la importancia de los aditivos químicos que se asocian con los que consumen golosinas y comida basura, que según algunos estudios puede afectar el comportamiento. También puede ser que los niños que toman mucho azúcar se conviertan en adultos impulsivos porque aprenden a buscar recompensas inmediatas. De momento son teorías.
Pero no hay que despreciar la importancia de los alimentos en nuestro comportamiento sólo porque no sabemos cómo funciona. Por ejemplo, hay datos que parecen demostrar que los suplementos vitamínicos pueden reducir la agresividad de los presos. Actualmente se está llevando a cabo un estudio importante en el Reino Unido para confirmar que una dieta equilibrada puede ser efectiva contra la violencia en las prisiones, con una inversión de 2,3 millones de libras y la participación de 1.000 voluntarios. Aún si se puede demostrar una relación, lo más importante será entender qué mecanismos están implicados en estos efectos, lo que va a ser mucho más complejo.
Las implicaciones de culpar a la dieta de nuestros actos pueden ser interesantes. ¿Será a partir de ahora un atenuante comer un donut antes de cometer un asesinato? Y, ya más en serio, ¿se puede 'curar' la violencia? ¿Hasta qué punto somos capaces de decidir nuestras propias acciones? Si elementos externos como los alimentos pueden influir de una forma tan evidente en nuestro comportamiento quizás habría que redefinir los límites del libre albedrío.
Al fin y al cabo, conocemos hace tiempo las bases moleculares que se esconde detrás de trastornos como las depresiones o ciertas psicosis, y disponemos de tratamientos bastante efectivos para solucionar algunos de ellos. ¿Es el criminal puramente una víctima inocente de sus neurotransmisores y los factores del entorno o le queda aún un rincón de su cerebro donde es amo y señor de su futuro? ¿Es un enfermo o un sociópata por elección? En pleno siglo XXI, el funcionamiento de nuestro cerebro sigue siendo uno de los misterios más oscuros de este planeta.


Salvador Macip es médico, científico y escritor. Se doctoró en Genética Molecular en la Universidad de Barcelona y trabaja actualmente en su propio laboratorio de la Universidad de Leicester, Reino Unido, donde es profesor de Mecanismos de Muerte Celular.

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